10 julio 2012

Ricardo Triviño, un conductor de rallyes particular

Es curiosa la trayectoria del piloto mexicano Ricardo Triviño. Su padre no competía con coches, sino que fue jugador de futbol profesional en México. Lo más normal hubiera sido que Ricardo destacara con el balón en los pies, y no detrás de un volante. Además, Ricardo estudió Derecho, lo que le hace un espécimen aún más raro entre los pilotos que pueblan los boxes en cualquier rally al uso.

Empezó sus andaduras automovilísticas en 1995, corriendo el Rally de Acapulco, y sólo tres años más tarde finaliza quinto en el campeonato Mexicano de Rally. En el año 2000 queda tercero en el mismo campeonato, y un año más tarde gana el certamen. Carrera tras carrera, Triviño se va haciendo un hueco en el mundo del motor, y elige el Rally de España en 2003 para dar el salto en el extranjero. Lo vence sin problemas. En el 2005 se adjudica el Rally de Cantabira (España) y en el 2008 se convierte en el primer mexicano en conseguir puntos en el WRC. Los dos años siguientes gana el Campeonato de México y en el 2011 la Carrera Panamericana.

Actualmente Triviño se encuentra entre dos aguas, las del PWRC –donde tiene asegurada una plaza para el año que viene- y el WRC, su meta a corto plazo y donde ya ha participado en 29 rallyes conduciendo un 206 WRC.

Triviño, con quien tuve la ocasión de hablar vía skype hace pocos días, me confesó que concibe el deporte del motor como “un arte”, tal y como pudiera haber dicho José Tomás del toreo. A pesar de tener 38 años, me sorprende que mantenga la “necesidad” y “voluntad” de mejorar constantemente para poder llegar a ser “el mejor del mundo”. Esta actitud, que inexorablemente se pierde con los años y que muy pocos deportistas logran mantener (me vienen a la cabeza Michael Schumacher o Roger Federer, por ejemplo), es lo que distingue a los grandes.

Le pregunté si esperaba que sus éxitos ayudaran a que en su México natal creciera la pasión por los rallyes, a lo que contestó que sería uno de sus mejores legados. Y es que es una lástima que en México, un país hermoso donde hay mil enclaves ideales para celebrar un rally de ensueño (Triviño se decanta por correr en Oaxaca o Chiapas), aún no se respire a gasolina como en otros lugares.